Una forma alternativa de pensar en el dinero...
Hace poco tiempo apareció un libro titulado “Padre Rico, Padre Pobre” de Robert Kiyosaki un autor prácticamente desconocido. El libro ha tenido una gran aceptación por parte del público y se ha convertido en una obra muy leída y comentada en contextos educativos, laborales y familiares.
Lo que hace atractiva la lectura de este libro es esencialmente la manera como el autor presenta el concepto del dinero, desde cómo ganarlo hasta qué hacer para invertirlo. Su propuesta, por cierto nada convencional, cuestiona fuertemente algunas posturas que usualmente tenemos sobre el trabajo, el dinero, y la vida en general.
La tesis principal del autor es que las personas tienen dos estrategias básicas para alcanzar sus metas en la vida:
Una es trabajando como empleado para una empresa toda la vida, y otra es trabajar para convertirse en dueño de la empresa.
Es importante aclarar que el contexto en el que se sitúa el autor es la familia norteamericana de un nivel socio-económico medio a medio-alto, es decir, personas que en su mayoría, aparentemente, basan la consecución de sus metas en la obtención de un grado académico en una Universidad de cierto prestigio y en un campo profesional promisorio, para posteriormente conseguir un empleo estable en una compañía igualmente estable en la que puedan trabajar de por vida.
A lo largo de este tiempo (30 a 35 años), contraerán un sinnúmero de deudas a fin de conseguir los bienes de consumo que les ofrece la sociedad y que son adecuados al nivel socio-económico al que siente pertenecer la familia.
Dado que las demandas de la sociedad y las necesidades creadas por las mismas son más altas que los ingresos que percibe un solo proveedor, la esposa trabajará también para completar unos ingresos que nunca parecen ser suficientes para salir adelante.
La vida se pasará trabajando para los dueños de la compañía, para el gobierno pagando impuestos y para el banco pagando la hipoteca y las tarjetas de crédito.
Una manera de salir de este atolladero es pensar en la educación, en el trabajo y, naturalmente, en el dinero en forma diferente. La manera como pensamos y sentimos acerca de las cosas es modelada y moldeada por el proceso de socialización por el que pasamos en nuestra familia de origen y en el que son tan importantes nuestros Padres.
El autor del libro mencionado utiliza la figura de un Papá pobre y un Papá rico, como la fuente de mensajes contradictorios que recibimos acerca del dinero y del trabajo y que matizan la educación actual, educación que considera obsoleta e inadecuada para los tiempos actuales.
El Papá “pobre” le recomendaba que estudiara duro, que sacara buenas calificaciones, que estudiara una profesión y que consiguiera un empleo en una empresa estable y exitosa.
En lo que respecta al dinero, le recomendaba que fuera cauteloso, que no se “arriesgara”.
En cambio su Papá “rico” (adoptado) le recomendaba que estudiar duro para que pudiera encontrar una buena empresa para adquirirla.
Menciona que le aconsejaba que APRENDIERA A MANEJAR EL RIESGO.
Esencialmente, el Papá pobre, lo era no tanto por el dinero que ganaba sino por la manera como pensaba de la vida.
El Papá rico, en cambio, lo animó para que modificara su ACTITUD ante la vida, el trabajo y el dinero y para que estudiara para ser rico, para conocer el dinero, la manera como se maneja y cómo se puede administrar inteligentemente para que trabaje para la persona.
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El autor nos invita entonces, a que cuestionemos nuestras ideas sobre la educación, el trabajo y el dinero.
Creo que podemos decidir continuar siendo padres pobres si nos negamos la oportunidad de revisar otras ideas alternativas sobre la vida y del dinero de manera que eso nos lleve a cuestionar lo adecuado y razonable de las mismas.
Hacer este ejercicio nos puede llevar a que construyamos otros mensajes más poderosos e influyentes de manera que faciliten que nuestros hijos progresen en sus carreras y en la vida alcanzando metas que les son significativas.
Es probable que no lleguen a ser ricos, pero lo serán en otros sentidos y por lo menos se plantearán otras posibilidades de desarrollo que nosotros nunca tuvimos a nuestro alcance.
(José Gpe. Hernández – Sicólogo- Frontera)
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